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7 mitos comunes sobre el estrés

Los 7 mitos sobre el estrés

Sobre el concepto de estrés se extienden una gran cantidad de conceptos erróneos que no ayudan nada a manejarlo para que no nos afecte.

Este post pretende despejar dudas a cerca de los 7 mitos más extendidos de los muchos que circulan en cualquier círculo cuando se habla de estrés.

Es muy importante tomar conciencia de qué es realmente el estrés para poder manejarlo de modo que no nos afecte. Por lo tanto, vamos a empezar por la base desmintiendo conceptos que desgraciadamente están demasiado arraigados.

El estrés es una enfermedad

Quizá confundidos con la manifestación más evidente del estrés, que es la ansiedad, solemos escuchar muy a menudo que el estrés es una enfermedad, lo cual es falso. Si seguimos este razonamiento y consideramos el estrés como una enfermedad, entonces buscaremos ayuda médica para ello, algo que no existe, y nos hundiremos más en nuestro pozo de desesperación vital.

El estrés es un estado psicológico que se produce como consecuencia de tener que enfrentarnos a una situación vital que de alguna forma nos supera o, al menos, nos supone un desgaste de recursos mentales y fisiológicos. Hay que repetirlo: es la consecuencia de hacer frente a algo que nos supone una carga fisiológica y psicológica. Eso no es una enfermedad, es una circunstancia vital.

La ansiedad derivada directamente del estrés tampoco es una enfermedad. Aunque en la nefasta clasificación americana de los trastornos mentales DSM V figura como un trastorno, esa ansiedad es una respuesta lógica y entendible dentro de marco vital de la persona que la sufre.

No se puede estar enfermo de estrés como tampoco se puede estar enfermo de cansancio, o de dolor, o de hambre. Todas esas manifestaciones interoceptivas son avisos del cuerpo de que algo no va bien, pero no son enfermedades.

El estrés se combate

¿Puedes combatir la lluvia para que deje de llover? ¿Puedes combatir el viento, para que deje de soplar? El estrés es una sensación de que algo nos sobrepasa. Si ese algo sigue ahí, entonces seguiremos sufriendo sus consecuencias. No podemos combatirlo, pero podemos gestionarlo.

¿Cómo se gestiona el estrés? Esa es la cuestión correcta, y no cómo se cura o como se combate. Tú gestionas la lluvia evitándola o protegiéndote con un paraguas. Pues con el estrés se trata de hacer algo parecido. En primer lugar, hay que evitarlo haciendo que desaparezca la causa. Cuando ello no es posible, cosa que sucede con relativa facilidad, entonces se gestiona emprendiendo todas las acciones necesarias para lograr la mayor sensación posible de control. Lo iremos viendo poco a poco.

Un ejemplo muy evidente es el del estudiante que se estresa con los exámenes estudiados los últimos días. Otro ejemplo es el de quien organiza una agenda como un puzle que falla en todos y cada uno de los eventos repercutiendo los unos en los otros. ¿De verdad no se puede organizar la agenda de otro modo?

Otro ejemplo es el de quien persigue metas que en realidad no son suyas, y quien encara la vida como un reto que le supera. La vida le supera, pero porque no es su vida, ni son sus retos. Son los retos de su jefe, de su esposo, de su grupo de referencia que lo empuja o lo arrastra, según como se quiera ver.

Si miramos a nuestro interior veremos cómo el problema no es combatir los síntomas de estrés, el problema real es cómo gestionar el estrés.

El remedio para el estrés es la relajación

Que bonito sería. Estoy estresado, así que me relajo y se me pasa. Fin de la historia.

¿Cómo? ¿Qué ya lo he intentado y todo sigue igual? Entonces es que la técnica de relajación no es buena. Tendré que buscar otra, esta no vale…

Mal. No funciona así. La relajación no es el antídoto contra el estrés. Si consigues relajarte en una situación estresante es porque en realidad no estás estresado.

Si consigues relajarte en una situación estresante es porque en realidad no estás estresado.

La relajación siempre ayuda y es muy buena, pero desgraciadamente por sí sola nunca es la solución.

Cuantos cientos de miles de veces se lee que para desestresarte te tienes que relajar… y cuantos cientos de miles de veces la solución falla, para mayor gloria del bolsillo de terapeutas sin escrúpulos.

El remedio para el estrés es el funcionamiento óptimo, al nivel de activación correcto y con la tensión necesaria. Lo contrario de estrés no es relajación, sino el funcionamiento óptimo que nos lleve a una experiencia de flujo y bienestar.

Todas las personas necesitamos un nivel moderado de estrés para funcionar en nuestra vida feliz y provechosa. Ese estrés es la chispa que nos impulsa a hacer cosas y a vivir una vida plena. Si lo contrario a todo eso es estar tumbado relajándote y meditando, entonces tenemos un serio problema.

Estar estresado es una señal de debilidad psicológica

Falso. Las fuentes de estrés que nos acechan son reales y no conviene infravalorarlas: el trabajo, las manías de la pareja, los horarios de las actividades de los hijos, la hipoteca absorbente, la agencia tributaria, los clientes que no entran, la impresora que se pone estupenda cuando más se la necesita, la enfermedad de un familiar, el desempleo, el acoso en mi grupo de referencia, mi problema de salud, el accidente que tuve ayer…

Si algo de eso no nos supera, entonces es que nos pasa algo y no estamos bien.

Una vez se presenta el problema, hay que gestionarlo, con inteligencia y como lo que es, un problema que hay que resolver o, al menos manejar para que no nos devore, con planes, estrategias a medio y largo plazo y, siempre, con el objetivo en conseguir la mayor sensación posible de control. El antídoto a la sensación de estrés no es la sensación de relajación, sino la sensación de CONTROL.

El antídoto a la sensación de estrés no es la sensación de relajación, sino la sensación de CONTROL.

Todos vivimos estresados

SI volvemos atrás y repasamos la lista de ejemplos anterior veremos que siempre conocemos a alguien que sufre alguno de ellos y ello no le supera. Le superan otras cosas, pero ese problema que a nosotros nos asolaría a esa persona apenas le afecta.

Por otro lado, hay personas que gestionan muy bien el estrés, porque saben anticiparse, saben organizar y comprenden qué hacer para lograr la mayor sensación posible de control. Hay que repetirlo: el objetivo es lograr la mayor sensación posible de control.

Mucha gente vive muy bien. Es un mito que en nuestra sociedad todos estamos siempre estresados. Es cierto que vivimos deprisa, pero ello no implica que deba afectarnos necesariamente.

De hecho, para muchas personas es mucho más desagradable la sensación de no tener nada que hacer que la sensación de estrés. La paz absoluta no es un estado ideal para todo el mundo, ni mucho menos.

El estrés es un fenómeno que ha creado la sociedad actual

Falso. Las sociedades del pasado han sido mucho más exigentes que la nuestra. Pensemos en las épocas en las que la gente vivía a expensas de las invasiones, a expensas de las enfermedades para las que no se conocía ni diagnóstico ni cura. Pensemos en las poblaciones pequeñas del pasado sujetas al férreo control moral, o en las sociedades sin derechos en las que las familias numerosas debían subsistir sí o sí, sin nada remotamente parecido a una ayuda social.

Pensemos en las condiciones de trabajo del campo “idílico”, en las que había que abarcar proporciones enormes de tierras por un rendimiento ridículo que apenas daba para vivir. Pensemos en el pastoreo sujeto a ataques de depredadores, enfermedades, tiranos monopolistas tratantes de ganado.

Pensemos en las jornadas laborales de los inicios de la industrialización. Pensemos en las madres viudas que debían sacar adelante a sus hijos. Pensemos en los acosadores impunes que la sociedad amparaba y normalizaba como señores de bien.

La sociedad actual nos ha traído mucha prisa, pero ahora vivimos muchísimo mejor con bastante diferencia.

Existen productos para el estrés

Vuelvo al razonamiento de la relajación. No se trata de que, tomando determinada dieta, suplemento, fármaco, hierba, o imposición de manos, mis agentes estresores vayan a dejar de superarme. Si con el efecto placebo que con ello obtengo, logro superar las incertidumbres y lograr el objetivo: la sensación de control, entonces sí podemos considerar que existen productos para el estrés.  Pero, no nos engañemos, productos, como tales, no existen.

Es más, seguir buscando estos remedios es no entender nada del estrés, y si no entendemos nada, entonces no es que nos superará, sino que, además, terminará con nuestra salud y con la de quienes nos rodean.

Conclusión

El estrés es la consecuencia de tener que hacer frente a una situación que nos desborda, ya sea por la naturaleza de la causa en sí o por nuestras carencias. Puede que los dos factores entren en juego para complicarnos la vida.

En cualquier caso, la solución pasa por la buena gestión del estrés, y ello requiere algo más que remedios milagro o técnicas de relajación.

Al rededor del problema ordinario del estrés existe una importante y diversa industria que se lucra y se beneficia del problema. Podemos y debemos afrontar nuestra propia circunstancia vital. Si no es así y necesitamos de verdad ayuda, al menos no confundamos el objetivo y busquemos soluciones sin caer en los mitos comunes sobre el estrés.

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