Síntomas de estrés

Síntomas de estrés

Podemos apreciar síntomas de estrés cuando una persona sufre tensión ante una situación vital que le supera. Esa situación puede provocar los síntomas de estrés de una forma lógica y natural, dada su objetiva naturaleza amenazante o, por el contrario, puede resultar de una visión particular basada en una serie de debilidades que favorecen que algo se convierta en una amenaza más o menos seria. Los síntomas de estrés serán los mismos, pero su causa diferente.

Cualquier organismo, sea humano o animal, está expuesto a su entorno y debe responder a él con sus recursos y sus acciones. Cuando la respuesta necesaria excede los niveles óptimos de funcionamiento de ese organismo, deben movilizarse recursos extra para poder afrontar con éxito la situación. El estrés es el resultado de ese esfuerzo. En determinados casos positivos, el estrés supone un estímulo para la actividad y contribuye al estado activo deseable en todo organismo. Pero a partir de determinados niveles como sucede en el estrés laboral, la reacción exagerada, ya sea por su magnitud, o por su prolongación en el tiempo, supone una respuesta exigente y negativa que acaba perjudicando al organismo.

El hecho de que determinadas situaciones nos superen no implica necesariamente un fracaso por nuestra parte a la hora de enfrentarnos a nuestro entorno. Es lógico que la pérdida de un ser querido, el padecimiento de una enfermedad, o las condiciones laborales de determinados empleos, nos superen y nos afecten. Lo anormal sería que no fuese así. Pero en el caso de los seres humanos, interviene un factor crucial a la hora de determinar el alcance de la respuesta de estrés: la valoración subjetiva de la situación. Por lo tanto, la aparición de los síntomas de estrés depende de causas mayoritariamente subjetivas. Sucede que las personas constantemente valoramos y evaluamos las situaciones, de forma que lo que para unos representa un problema, una amenaza o un desafío, para otros implica un estímulo o una situación irrelevante.

Podemos distinguir dos tipos de respuesta de estrés que darán síntomas parecidos pero consecuencias muy diferentes:

Respuesta aguda de estrés

La respuesta aguda de estrés es la que se produce ante una circunstancia en la que un organismo debe responder con inmediatez para adaptarse a su entorno. Esta respuesta habitualmente supone lo que llamamos una reacción de lucha o huida. Ejemplos habituales son el afrontamiento de una discusión, cuando nos asalta un peligro como la persecución de un perro, una reacción ante un problema puntual en carretera, saltar disparados para ayudar a alguien ante un peligro inminente, la representación mental de quién estará haciendo que suene mi teléfono, la visión de determinado objeto fóbico, la presencia súbita de una persona indeseada, quedarse atrapado en un ascensor, malinterpretar un ruido en el silencio de la noche. En definitiva, son situaciones muy cotidianas algunas de ellas, pero que ponen en alerta al organismo para que reaccione y para que afronte la situación o la evite cuanto antes. La duración del evento estresante es corta y tiene un inicio y un final bien determinados, aunque pueden repetirse con el tiempo.

Respuesta crónica de estrés

La respuesta crónica del estrés viene producida por factores psicológicamente perturbadores que se prolongan en el tiempo. Es el caso de la circunstancia vital de quien se enfrenta a una larga enfermedad grave, o de los acosados en el trabajo, o de quienes trabajan en situaciones desbordantes y con mucha carga, la mala relación continua con familiares o amigos, situaciones prolongadas de combate, la preocupación en general por algo o por alguien, y en definitiva, todo aquello que suponga estar inmerso de forma permanente en un entorno desagradable que nos exige estar alerta continuamente para no resultar perjudicados. Si en el caso del estrés agudo el organismo tiene la doble opción de responder generalmente con una respuesta de lucha o huida, en el caso del crónico, la huida no suele ser factible, por lo que la persona está obligada a afrontar su situación sin poder evitarla. En caso de que sí pueda huir, si esa es su única opción y si debe estar permanentemente huyendo, los efectos son igual de negativos y costosos.

estres y sus sintomas

Una vez vistas estas dos formas del mismo fenómeno vamos a centrarnos en los síntomas de estrés. Para ello vamos a distinguir entre tres tipos de manifestaciones diferentes del estrés: la cognitiva, la fisiológica y la conductual.

Síntomas de estrés: respuesta cognitiva

Por respuesta cognitiva entendemos aquello en lo que pensamos y sentimos. Son pensamientos y emociones negativas que provienen de una valoración que entiende que la circunstancia nos supera. Hay personas que se centran en valorar el problema en sí y hay otras personas que se centran en valorar la repercusión emocional que le provoca el problema. Son dos formas diferentes de encarar los acontecimientos que provocan síntomas de estrés cognitivos en forma de pensamientos de derrota, de amenaza, de indefensión, de incertidumbre, de baja confianza en superar la situación. Son formas diferentes de vivir como algo insuperable lo que probablemente no lo es y que en una situación prolongada termina por socavar la autoestima, como sucede en casos de acoso, por ejemplo.

Síntomas de estrés: respuesta fisiológica

La principal manifestación fisiológica del estrés viene dada por problemas de ansiedad y por trastornos de salud. Como el sistema nervioso simpático se encuentra hiperactivo, a la larga puede verse alterado cualquier sistema fisiológico, cualquier órgano o cualquier función. El dolor es un síntoma oportunista que suele aparecer en circunstancias de estrés, en forma de dolor de cabeza, de espalda, de hombros, o reactivando antiguas dolencias que se facilitan en situaciones de estrés. Al mismo tiempo favorece problemas de hipertensión y de trastornos cardiovasculares que, junto con una mala dieta y una vida sedentaria presagian un futuro nada saludable. El estrés, al final, supone un desequilibrio hormonal que va a pasar factura a la larga si no se hace nada por reequilibrarlo.

Síntomas de estrés: respuesta conductual

Cuando estamos estresados hablamos deprisa, obramos rápido, nos equivocamos más, reducimos nuestras opciones de elección y siempre respondemos igual, dejamos de inventar nuevas soluciones y abusamos del más de lo mismo. Una persona estresada es poco creativa y actúa por inercia. Muchas rutinas vitales y muchas formas de obrar de forma continuada y “gris” vienen de una situación de estrés que deja poco espacio para la creatividad. Cuando la persona tiene poca confianza consigo misma, incluso cuando la autoestima no la tiene demasiado alta, todavía se reduce mucho más la forma de obrar y de responder, entrando así en una espiral negativa y poco gratificante que aporta pocas soluciones reales a sus problemas.

 

Podemos pensar en cualquiera de los tres grupos de síntomas de estrés a la hora de observar a cualquier persona estresada, porque la triple respuesta siempre está presente. Lo importante es tomar conciencia de ello y empezar a buscar soluciones. El estrés es algo muy normalizado en nuestra sociedad y no debería serlo, debido a las importantes repercusiones de salud física y mental que conlleva. Los síntomas de estrés son diferentes en cada persona, pero a la larga, siempre siguen el esquema de la triple respuesta aquí presentado. Si conoces a alguien con estrés de verdad no te costará trabajo detectar esta triple manifestación del mismo fenómeno.

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