Dolor lumbar crónico y factores psicológicos.

Dolor lumbar crónico y factores psicológicos.

El dolor lumbar crónico es un problema de salud de primer orden que se ve muy marcado por factores psicológicos que conviene conocer de cara a iniciar su tratamiento.

Tras las múltiples evidencias aportadas por la investigación, todas las personas que sufren de un dolor lumbar crónico, deben ser conscientes del modo en que los aspectos psicológicos están influyendo en el mantenimiento de su enfermedad. Lo cual no quiere decir que cualquiera que padezca un dolor lumbar crónico tenga asociado un problema psicológico.

En este ámbito las generalizaciones siempre son negativas y este aspecto en particular debe quedar muy claro. Vamos a verlo detenidamente.

El dolor lumbar crónico en cifras.

La investigación a cerca del dolor lumbar arroja los siguientes datos:

  • Cualquier persona a lo largo de su vida puede padecer un dolor lumbar agudo. De hecho, investigaciones recientes demuestran que entre un 50 y un 70% de personas, dependiendo del estudio, presentarán esta dolencia a lo largo de su vida.
  • Una vez sufrido un episodio de dolor lumbar agudo, el 80% de pacientes podrán librarse de su dolor en tan solo dos semanas, de una forma satisfactoria y sin secuelas.
  • Las evidencias demuestran que cuando una persona sufre un dolor lumbar agudo, entre un 60% y un 85% de los casos, volverán a padecer un dolor similar de forma reincidente.
  • Aproximadamente, y siempre variando según los estudios, cerca del 30% de pacientes con dolor lumbar agudo terminan padeciendo dolor lumbar crónico.espalda-riot
  • El dolor lumbar agudo es la primera causa de discapacidad en menores de 45 años en países industrializados. En el resto de países no hay registros claros, por lo que en estos casos sólo caben estimaciones subjetivas.
  • El dolor lumbar es una patología difícil de valorar. El grado de replicabilidad entre profesionales a la hora de coincidir con las valoraciones y diagnósticos es baja, lo que complica todavía más el tratamiento eficaz de estos pacientes.
  • Incluso con pruebas objetivas de imagen y neurofisiológicas, así como de laboratorio, se generan un número importante de falsos positivos que terminan en el quirófano. De hecho, el 50% de pacientes termina intervenido de la espalda y engrosando las listas de los afectados por el llamado “síndrome de la cirugía fallida de columna lumbar”. Muchas veces hay que tener en cuenta criterios mercantilistas para encontrar una explicación.
  • Respecto a la cirugía, trabajos recientes demuestran que sólo el 2% de pacientes que presentan dolor lumbar son auténticos candidatos para la cirugía, incluso en casos objetivos de hernia discal, en los que hay investigaciones que evidencian mejoría espontánea en el plazo de 6 semanas.
  • La patología que presenta una persona con dolor lumbar crónico no se corresponde normalmente con la gravedad de los síntomas manifestados por el paciente. Esto no quiere decir que los pacientes sean fingidores, ni mucho menos. El hecho de que la patología no se corresponda con el grado de discapacidad da pistas a cerca de que el dolor crónico es una enfermedad en sí.

Por lo tanto, ante un trastorno que evoluciona de un modo previsiblemente favorable en la mayoría de pacientes, en el que es difícil replicar su causa según el equipo de clínicos que lo evalúe, y que obedece de modo irregular a tratamientos basados en hipótesis exclusivamente biológicas de su etiología, cabe plantearse la intervención de variables inespecíficas en su naturaleza y, lo que es más importante, su evolución hacia la cronicidad.

Psicología y dolor lumbar crónico.

En múltiples estudios se ha puesto de manifiesto la relación que existe entre las fases de dolor de espalda y acontecimientos generadores de tensión en la vida de la persona enferma. Esto es tan habitual que se han llevado a cabo estudios que demuestran también que las personas que padecen un dolor lumbar sin una causa clara explicable a nivel físico, son personas que viven mucho más tensos que aquellos que sí tienen una causa clara física que explique su dolor.

De entre las alteraciones psicológicas que influyen en el dolor lumbar, es la depresión la más común con un porcentaje que ronda el 25% de los pacientes. Tratar a estos pacientes es complicado, entre otras cosas por su falta de implicación y porque estas personas presentan a menudo dificultades ya desde la fase de evaluación. Además, la depresión suele ir acompañada de otros problemas relacionados con somatizaciones, con hipocondría, e incluso con abuso de substancias en determinados casos.

Es tan importante la relación entre las alteraciones psicológicas y el dolor lumbar crónico que existen investigaciones que apuntan en el sentido de que determinados patrones de alteración psicológica predicen la aparición y cronificación de dolor musculoesquelético en general. Una vez que aparece el dolor, entonces se produce un proceso patológico que se retroalimenta, de modo que el dolor favorece el malestar psicológico, aumenta la ansiedad, la depresión, y los trastornos asociados.

Estos efectos descritos todavía son mayores en aquellos pacientes que evitan la actividad y optan por el reposo al tiempo que adoptan el rol de enfermo al que hay que asistir.

La investigación demuestra que cuando el paciente tiene una sensación de control a cerca de su dolor, adopta un rol activo y tiene estrategias más o menos adecuadas para afrontar el estrés, su regreso al trabajo será menor a seis meses.

De forma mucho más explícita, la investigación demuestra una asociación alta entre dolor lumbar y las siguientes variables:

  • Baja capacidad de clasificar su dolor en escalas análogas o de test.
  • Baja capacidad de afrontamiento al estrés o afrontamiento con estrategias inadecuadas.
  • Alta sensación de malhumor, disgusto o, propiamente, depresión.
  • Atribuciones y creencias de su dolor a problemas estructurales necesitados de cirugía. Los pacientes “biologicistas” con mentalidad mecánica son las mayores víctimas de estos procesos.
  • Alta autopercepción de discapacidad.
  • Alta adopción del rol de enfermo que necesita ayuda y cuidados, al tiempo que manifiesta conductas claras de evitación.
  • Alta evitación patológica del dolor y el malestar.
  • Alto nivel de temor a que su dolor empeore o se produzcan recaídas.
  • Bajo nivel socioeconómico.
  • Alto nivel de cuidados en el seno familiar fundamentados en teorías equivocadas acerca del origen y del mantenimiento del dolor.
  • Alto nivel de insatisfacción laboral por problemas de ambiente laboral, conflicto de rol, ambigüedad de rol, percepción de acoso, sobrecarga, o por otros factores organizacionales o personales.
  • Alta seguridad en el momento de la baja, con compensación económica, posibles beneficios secundarios que llevan al rentismo, o incluso, en algunas personas, a un soñado futuro de baja permanente con pensión vitalicia.

Con la influencia de todos estos factores en contra, el tratamiento debe esforzarse mucho y de una forma muy específica porque lamentablemente tiene muchas dificultades para tener éxito y, por consiguiente, todas las papeletas para acabar en fracaso, que en este caso supone la temida cronificación.

En definitiva, podemos considerar que cuando se da un problema biológico, biomecánico, o puramente físico que provoca dolor, no debemos olvidar que paralelamente los factores psicológicos modulan la experiencia modificando la percepción que tienen las personas de su experiencia de dolor. Como consecuencia de estos factores psicológicos, los enfermos cambian sus costumbres tendiendo a la inactividad y a afrontar la situación buscando ayuda y haciéndose cuidar.

Parece algo lógico, pero muchas veces son el sistema y la familia quienes consolidan el rol de enfermo y favorecen la prolongación de la enfermedad, con la mejor intención, y con el objetivo puesto en ayudar, pero con resultados catastróficos en algunos casos. En principio, la inactividad hace mella en el sistema muscular, el óseo, el nervioso y el vascular, y los beneficios secundarios hacen el resto.

Existen muchas y variadas teorías psicológicas que van en un sentido explicativo parecido a lo aquí expuesto, pero no vamos a entrar en ellas. Con todo lo expuesto, la idea final no es que los enfermos de dolor lumbar crónico sean fingidores, unos trastornados, o personas que adoptan una actitud ilícita. Al contrario. Lo que sucede es que muchas veces, y en muchos casos son dobles víctimas de su propia enfermedad y de su entorno. Por lo tanto, iniciar el tratamiento de un dolor lumbar crónico sin tener en cuenta los factores psicológicos está condenado al fracaso.

Para saber más a cerca de los factores psicológicos del dolor lumbar crónico puedes consultar un artículo de la Sociedad Española del Dolor de P. A. Bravo y R. González Durán.

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